Jorge Luis Borges: Los cuatro ciclos
Cuatro son las historias, una, la más
antigua, es la de una fuerte ciudad que cercan y defienden hombres valientes.
Los defensores saben que la ciudad será entregada al hierro y al fuego y que su
batalla es inútil; el más famoso de los agresores, Aquiles, sabe que su destino
es morir antes de la victoria. Los siglos fueron agregando elementos de magia.
Se dijo que Helena de Troya, por la cual los ejércitos murieron, era una
hermosa nube, una sombra; se dijo que el gran caballo griego en el que se
ocultaron los griegos, era también una apariencia. Homero no habrá sido el
primer poeta que refirió la fábula; alguien, en el siglo catorce, dejó esta
línea que anda por mi memoria: The borgh brittened and brent to brontes and
ashes.[ ] Dante Daniel Rosetti, imaginaría que la suerte de Troya quedó sellada
en aquel instante en que Paris arde en amor de Helena; Yeats elegirá el
instante en que se confunden Leda y el cisne que era un dios.
Otra, que se vincula a la primera, es la del
regreso. El de Ulises, que, al cabo de diez años de errar por mares peligrosos
y de demorarse en islas de encantamiento, vuelve a su Ítaca; el de las
divinidades del Norte que, una vez destruida la tierra, la ven surgir del mar,
verde y lúcida, y hallan perdidas en el césped las piezas de ajedrez con que
antes jugaron.
La tercera historia es la de una busca.
Podemos ver en ella una variación de la forma anterior. Jasón y el Vellocino;
los treinta pájaros del persa, que cruzan mares y montañas y ven la cara de su
Dios, el Simurgh, que es cada uno de ellos y todos. En el pasado toda empresa
era venturosa. Alguien robaba, al fin, las prohibidas manzanas de oro; alguien,
al fin, merecía la conquista de Grial, Ahora, la busca está condenada al
fracaso. El capitán Ahab da con la ballena y la ballena lo deshace; los héroes
de James o de Kafka sólo pueden esperar la derrota. Somos tan pobres de valor y
de fe, que ya el happy-ending no es otra cosa que un halago industrial. No
podemos creer en el cielo, pero sí en el infierno.
La última historia es la del sacrificio de un
dios. Attis, en Frigia, se mutila y se mata; Odín, sacrificando a Odín, Él
mismo a Sí mismo, pende del árbol nueve noches enteras y es herido de lanza;
Cristo es crucificado por los romanos.
Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda seguiremos narrándolas, transformadas